31 de enero de 2008

Apocalipsis

Ya van dos días que caminamos, quedamos catorce de los veinte que iniciamos la huída. Aún el espeso gas se arrastra sobre las hierbas. Las máscaras nos ahogan, de vez en cuando un gemido nos detiene, no hay nada que hacer. La repartición de máscaras fue tardía y tras esperar largo rato frente al lugar indicado, las sacamos, rompiendo las puertas y abalanzándonos sobre el contenedor custodiado por un grupo de robots sobornables, producto de sus sensores dañados.

Por entre metales ardiendo, divisamos cuerpos mutilados y algún perro lamiendo aguas rojas. Nos preguntamos ¿por qué muchos de ellos aún no han muerto?

Es noche de luna, pero ella parece no alumbrar por entre tanta bruma. Humo y fuego, regalan cortinas azuladas a su perfecta redondez de sangre.

Miles de árboles yacen calcinados con sus ramas rotas de carbón.

Cada vez se hace más difícil caminar, entre tanto escombro y dolor. No podemos detenernos, queremos llegar al mar. Muchos se han devuelto al escuchar que arde. Los han amedrentados diciéndoles que es un gran lago de fuego y azufre. Nadie demanda por alimentos, se acostumbraron a sentir hambre. Otros que regresan llorando se sientan cobardemente a esperar la muerte.

Nosotros continuamos. Nadie habla, nos encargamos de afirmarnos unos con otros, para darnos fuerzas. Algunas manos de entre los escombros, intentan sujetar nuestros tobillos, debemos alejarnos. Llegan sonidos de máquinas que aún siguen avisando del caos que vendrá y ya vino.

Se vislumbra un grupo, sin máscaras, rodeado de teas candentes, son cuerpos que arden, un olor nauseabundo los rodea, vomitan y se despiden cayendo abrasados por el aire irrespirable. Todos es horrible como esas escenas de los cuentos de Pasrojsyl, de oscuras mazmorras malolientes, atestados de gritos desgarrados y detrás de algún telón, una calavera danzando un ritmo de moda, para silenciar las injusticias.

Un gran muro de tanques se nos muestra delante, no tememos seguir. No hay nadie dentro. De algunos cuelgan trozos de soldados, manos intentando salir y mascarillas sin uso. Recogemos algunas, pero los circuitos de drenaje están rotos, como el sueño de muchos.

El cansancio comienza hacer estragos, Bea cae una y otra vez, decidimos cargarla unos metros, pero en sus ojos no hay razón, debemos dejarla, no podemos sentir dolor, para ello fuimos entrenados durante dieciséis años.

Debemos hacer el último intento, descender por alguno de los acantilados que cortados de improviso dan al mar. Sin embargo, antes de ello, se nos agolpan tres rejas.

Traspasamos la primera pero vienen tras ella otras dos más altas, todas electrificadas, nuestros trajes resisten, es la altura nuestro peor obstáculo. Vamos haciendo una torre con nuestras cabezas para elevar primero a los más cansados. Todos hemos traspasado, nos deslizamos por restos de helechos y pastizales humeantes.

Felipe resbala y claudica, nos insta a proseguir, a pesar de ser uno de los líderes, no quiere retrasarnos, la misión debe cumplirse.

Bajamos corriendo por sobres las dunas húmedas. Es verdad el mar arde. Una barcaza se acerca por entre lenguas de llamas y atraca en el pequeño muelle.

Un tipo de mirada asquerosa nos grita.

-¡Suban rápido, antes que se acabe el efecto especial y descubran que es un truco!

Llegamos doce al final del camino, doce para comenzar a evangelizar la misma mentira otra vez.


Salgado. Sebastião - Fotografia

Sylvia Rojas P.

25 de enero de 2008

Dolor












Me asaltan bestias, me derrotan gemidos, me persiguen gritos.

Quiero llorar con la apestosa forma de llorar de un desquiciado

y no puedo, no puedo.

Esta garra terrible de dolor me persigue, aprisiona, atropella, ahoga.

Le hago mil zigzagueos de huida y me sale al encuentro

como hiena arrastrando espuma dolorosa

Hay algo que fuerza, empuja, desgarra

soy toda tinieblas, toda abismo

toda carcajada de espanto.

No puedo huir, no puedo huir

salir como estampida

y golpear la vida

como ella golpea

sin conmiseración.


Quisiera cortar de pronto mi lengua

torcer, acallar, silenciarla.

Pero no está en la boca que implora

ni es el labio que desata la imagen de duelo

está más adentro

más profundo

está en el suspiro

agónico

del seso.

Sylvia Rojas P.

23 de enero de 2008

Mi vestido blanco





















Deseo encontrarte a solas en rincones de humo y bares de jazz yo y mi vestido blanco.

Caminar hacía ti entre sombras, sin más luz que mi vestido blanco.

Sentarme a tu mesa con mi vestido blanco fundido en mis pliegues húmedos.

Robarte el cigarro que cae de tu mano tensa y regalarte mis piernas de chocolate dorado bajo mi vestido blanco.

Quiero que roces mi vestido blanco y por los hilvanes vayas buscando el hilo del deseo trenzado en suspiros cubiertos tan sólo por mi vestido blanco.

Deseo que deslices el pabilo y compruebes que mi vestido blanco no cae fácil, se detiene en mis caderas y sólo con algunos.

Quiero ser cruel con mi vestido blanco, inclinarme en tu mesa y dejar que el escote de mi vestido blanco, te nuble el deseo simulado en humoradas rojas.

Mostrarte sin pudores, como afirma mi vestido blanco el calor de mi pequeña boca.

Ver tus ojos cuando una brisa malvada, levante las orillas palpitantes de mi vestido blanco y bajo el blanco vestido escuches la llama del jazz y tu mano como humo, se aserpiente por sobre y bajo mi vestido blanco.

Deseo que a solas tú y yo , en un rincón cualquiera con mi piel desnuda, cumplamos la profecía de mi vestido blanco.

A lo lejos nos vea hacer el amor, pidiendo tregua, furioso, lleno de celos, yo despojada y él, él vestido de rojo.

Sylvia Rojas P.



21 de enero de 2008

Viaje a la Villa Alegre o dos nuevas amigas alegres y viajeras.


Casi perdimos el bus, esperando que saliera uno, el adecuado se movía en nuestras espalda. Ella es menor, por eso eligió siempre la ventana. La ruta muestra saludos de árboles, cruce de ríos, campos verdes y bencineras en alta.

Primera parada una iglesia

Bajamos alegres, caminamos, se adelanta y entra, la imito corriendo

ella se persigna, no puedo imitarla. El techo cubierto de imágenes pías,

me mareo buscando a Saulo, no se lo digo, ella nos sabe que también di coces contra el aguijón buscando otra luz. Le contaré en otro viaje.

Un confesionario colmado de secretos, juego a ser pecadora, retrocedo y doy con la pila de agua bendita-chisporreteará si metes los dedos allí -dice la muy… sonriendo. Me siento bien, en una iglesia después de muchos años, ya no discuto con ella, quiero feliz a quienes las aman.

Segunda parada, el museo, me quiero quedar dentro seguro.

“Ayude al museo”

Hurgamos en carteras por monedas. ¡Qué bien suenan! debimos dejarlas en la iglesia para escuchar las almas liberándose con cada sonido

Sonreímos al Abate Molina a sus pájaros, sus flores, su búsqueda. Fotos amarillas de fiestas, ciudadanos ilustres, buen museo.











Recuerdo a Zurzulita y a Latorre cerca, en el Loncomilla a Milla

Una chispa creativa nos golpea, hacemos un pacto sobre el mate y reímos como locas y nos abrazamos.

¡Qué bien me siento con mi amiga!

Tengo hambre, y entre tanto sol de mediodía, me vuelvo prepotente

-Dígame señora, ¿en este pueblo hay plaza, mercado?

-Claro, doble en la esquina y encontrará la plaza, mercado no, lo siento no hay.

Y sale ella, -no preguntes así, di, ¿dónde queda esto o aquello? para que no se ofendan-

Disimulo recitando, pueblo hundío y explotao, pueblo mil veces lo digo.

Sabia la chiquilla, me digo y le digo- ya me parecía que sonaba apocador-

Caminamos a nuestra tercera parada, un local frente a la plaza, pedimos un café y pan con queso derretido.

Cuarta parada

La plaza y el tintero de Neruda a lo lejos, ella está enfrente esperándonos, con enormes álamos, pinos, escaños amplios, donde subir los pies y abrazar la madera para pelar luego un buen cigarro¿que mejor? ya démosles a las copuchas, las uñas largas, a las hermanas, a nuestros amores, a los poetas, las abuelas, en fin tanto tema, la lengua se nos pela. Conocemos al otro, por lo que contamos. Olvidamos el tintero, bueno quizás ya no hay tinta en el monolito.

Quinta parada, nos queremos comer una buena cazuela, nos engañamos, buscando un buen lugar, con pocas moscas, porque sin ellas no existen en este y en ningún país creo. Damos con La Casona, nos miran al entrar, está repleto de hombres, nos miran por nuevas o por ser tan exuberantes y lindas, bueno nos miran.

Demoran mucho, mientras, nos castigan pasando frente a nuestras ojos y narices, humitas, pasteles, cazuelas con choclos gigantes ¡ay! fumo, fumamos con bebida compartida, ante tal sufrimiento. Por fin llega nuestra cazuela, humeante, sabrosa, pero sin choclo.

Sexta parada, caminamos hasta el final de la avenida, nos desviamos un instante, asombradas, boquiabiertas. Un callejón colonial, un pedazo de pasado, calle de polvo y tierra, el tiempo se ha detenido allí, maldecimos la cámara olvidada.






Séptima parada, nos sentamos en el prado, a orillas de un canal, está fresco, nos recostamos, un auto conocido huye, las hormigas me atormentan.

Octava parada, volvemos a la plaza, una bebida helada y tranquilidad, se baja de su auto un villalegrino con su tarjeta en la mano y apuntando desde lejos al cajero automático, sin pensar que alguien podría arrebatarla corriendo, otro ritmo, otra vida.

Novena parada, volvemos para regresar a la avenida, viene un bus, subimos. De nuevo ella en la ventana, fresca.

Décima parada, un buen café cortado en Talca, allá se nos cortó sólo el tiempo.

Llegamos alegres de Villa Alegre.

20 de enero de 2008

El amor











Me golpea el amor como vara de sauce

golpea, golpea sin aviso

enreda como brazos de ebrio perdido

desmaya como nubes en colinas bajas.

El amor se levanta desnudo

huye con sábanas de niebla

claudica a ciegas, renuncia a ciegas

Huye, huye siempre de ahogos y abrazos

acierta al pecho y desangra el beso

las veces que el amor desea

El amor aúlla, por las quebradas

aúlla llamando a su encuentro

arrodilla en campos de batalla

y en la fuerza del placer sucumbe.

El amor no sabe darse

al que discierne el latido

acostumbrados a racionarlo

alguna vez lo damos todo

y quedamos con manos de limosna tendida.

Siempre es así, siempre

aprendemos a amar

entre miedos de amarra

en bofetadas de silencio

galopantes despidos

e inesperados rayos de olvido.

Aún así, amamos, amamos siempre.



Sylvia Rojas Pastene.

14 de enero de 2008

Sopaipillas de verano

Hacía más de media hora, que sentada en la acera, esperaba a su primo. Demoraba y el calor le hacía ver pequeños espejismos en el pavimento brillante y enceguedor. El olor a frituras provenientes de las mil y una fritanguerías, de esa cuadra, ya no le hacía recordar su casa.

Dos años atrás se habían incendiado y desde entonces vagaba de cartón en cartón sin más compañía que su primo David, al que había encontrado en las afueras de la estación. David era medio sordo y apenas lograba articular una que otra palabra.

Una noche lluviosa aprendió su primera palabra útil. Ambos, desesperados de hambre, habían caminado desde las faldas del cerro Esperanza hasta los locales del terminal de buses. Con la fija idea de pedir algo para comer y dormir en los carros abandonados de la estación.

Se acomodaron cerca, donde la oscuridad los mantendría protegidos. La vocecita del hambre comenzaba a cantar en ambos. Compartieron unas colillas y se frotaron las manos un instante. Se acercó, le arregló el cabello y el chaleco que llevaba brillante de sebo, le dió un empujoncito cariñoso y lo envío a pedir.

David, haciendo una especie de reverencia, se fue obediente a su misión. Cada cierto rato volvía enojado y pateando piedras, murmurando intentos de palabras y se dejaba caer al suelo, donde ella se escondía.

Repitió la acción unas cuatro veces, hasta que finalmente triste y cansado se acostó entre la basuras de los puestos, alejada de las manos de su prima. Nadie como él sabía lo rápida que era con las piedras y las manos, así que mejor era estar fuera de su alcance

Ella lo quería, era igual a su hermano menor, ero tenían que comer y pronto.

Después de un largo rato, lo levantó a tirones e insistió gritándole - vas a decir sopaipilla ¿oíste? nadie te da nada, porque no hablas cabro de mierda, tengo hambre y ya no puedo robar, me meten en cana gueón, pero a vos si robas te pillan al tiro, no sabis correr y si corres te caí a la primera zancada, patas planas, inútil, tenís que pedir mierda. David la miró intentando decir algo, con gestos, lo que a ella le pareció un -enséñame vos poh hambrienta-

Lo sentó en el suelo frente a frente, puso sus dedos en la boca y le dijo: repite conmigo ssss ooo ppp aaa -repite sopa- El miraba y trataba de imitar el movimiento de su boca, después de largos intentos y con la espalda empapada, logró que dijera en dos partes sopai-pillas, caminaba y repetía- sopai-pilla- saltaba feliz -sopai-pillas.

Volvió a los puestos y aunque demoró bastante, lo vio correr de regreso como pato con su valioso motín, en una vara de coligue traía ensartadas unas enormes sopaipillas bañadas en ketchup y mostaza.

Todo el invierno estuvieron juntos y ahora, en pleno verano, seguían buscando restos, pidiendo y alojando con extraños debajo del puente del río Piduco o cerca de la fería.

Ahora el calor arreciaba, la mugre delataba su rostro, le corría una espesa gota desde la frente hasta la barbilla, de un café intenso, dibujando su pobreza. Lo vio aparecer de pronto y saltó sobre él, traía como diez sopaipillas en un tenedor de plástico.

-¡Gueón! te dije pide helados, no veí el calor que hace ¡patas planas-h-e-l-a-d-o-s !

-No, no, no, robé sopai- balbuceó inocente y con una sonrisa tan larga, como las gotas que lo bañaban de pies a cabeza.

Sylvia Rojas Pastene.

12 de enero de 2008

Mis Otelos

Tuve celos, amargos celos

hierros de hiel de extremo a extremo

convulsionando la cuenca y desmayé.


Tuve celos, agudos celos

furiosos dragones de fuego devorando

rompiendo, abrasando, cercenando.


Tuve celos, tristes celos

e imaginé la vida sin abrazos

y un mutismo eterno desterrado de palabras.


Por un instante fui toda ira, guerra, muerte

enalbardé aguijones, lacerando mi boca

la misma que amó tanto, agonizó muda.


Después doblada supliqué por luz

la misma luz que sentaba su mirada de alegría en mi retina

esa misma luz cegó largas horas la razón y lloré.


Porque mordido el orgullo y fenecida la esperanza

uno llora a solas

y reconoce que ha perdido.






Sylvia Rojas Pastene.

10 de enero de 2008

Caracoles

La hamaca se mecía entre dos paltos. Boca abajo sobre ella arrastraba las manos rozando las frutillas. En algunas vueltas lograba arrancar una y llevársela a la boca. Las chinitas que goloseaban sobre ellas subían por sus manos, abriendo nerviosamente sus alas y volviéndose a posar sobre los cardenales. Se daba impulso para alcanzar las petunias que estaban más lejos o espantar a la gata Trini que ronroneaba de sueño mirándola mecerse. Cada cierto tiempo, Huesito pasaba por debajo en carreras locas tras los zorzales, haciéndola rodar bajo los damascos o dejándola enrollada en tres apretadas vueltas.

Todo era silencio a esa hora, silencio de lentas tardes en su hamaca.

De pronto una comparsa de patos, no acostumbrados a ese rumbo, provocó una confusión entre sus mascotas. Un círculo de polvo dejó percibir por un segundo colas y alaridos. La prisa por acudir o un sálvese quien pueda, la tiró lejos de su hamaca y la hizo tropezar con largas guías de parras que se arrastraban buscando el agua del pozo que surtía los surcos de las frutillas.

Le dolían los brazos y la boca escupía blandos terrones. Cuando se apagaron las estrellas de la hecatombe, se quedó boca abajo, muda, esperando que nadie se despertara. Algo la hizo mirar debajo del hueco tronco, que permanecía por años frente a su hamaca. Vio varios envases de temperas, y a un lado, una cajita de zapatos con el nombre de su hija Francisca, se acercó un poco más, y curiosa la abrió. Caparazones de caracoles, caparazones pintados o decorados con manchitas, las más, llenas de círculos coloridos.

Las mismas manchitas que ella había hecho en sus caparazones permanecían aún, deslavados ya, pero inconfundibles, ahora servían de guarida a sus descendientes. Levantó la caja y vio rodar un sinfín de caracolitos bebés con arcoiris en sus espaldas…

Sylvia Rojas Pastene.

8 de enero de 2008

Cartas


Amor mío:

Soy casi una sombra, una cerrazón de inválidas palabras, cada día me entrego al largo ejercicio, de mantener la llama encendida, por si en largas noche, el nauta que regresa, aviste mi luz por entre las rocas encendidas de púrpura amada.


He retenido ya tantas lágrimas, que tengo miedo de encontrarme a solas con esa especie de renuncia de ventanas sin luz, con ese cielo que promete silencios que nunca saludan.

Continuamente bajo a profundos pozos y allí me dobla el dolor de tu ausencia, rasgo vestiduras de ausencias cotidianas, de tu imagen cuido lo que la melodía arrebata en estrofas de amor.

Me encierro en ruidos y destilo la palabra alegría en vasos sin fondo, nunca logro conservar de ella caricia de olvidos.

Nada hay tras el que duerme, oscilando en medidas exactas, que mencione si vienes, o dejarás de venir. Siento que enloquecer no apacigua los ruegos, en cambio recrudece el lamento, me incita a clamar, a gemir y el péndulo latente de vergüenza cadenciosa no tiene fin.

Voy como va el mendigo sin ocultar harapos, anunciando pobrezas, parcelando el llanto. Voy tras noches completas de nubes sin formas, sin señales de olvidos.

Confieso que temo abrir puertas para que el samaritano vacíe su bálsamo contra el dolor, le doy mil caras de sonrisas y en cada rictus de mi boca está la palabra inconclusa que hiere y abate.

¡Ay sombras forasteras! no finjan al mirarme que traen entre sus manos, enlazada una tarde hermosa. Que en algún paraje o tras la vuelta de la esquina, hay una fuente de alegrías. Si tenéis lástima, o un ápice de espanto se cruza por esa mirada cobarde, comprended que tengo una puñalada hincada, que oprime y abate.

No prediquéis en vano voces de esperanzas, que yo las aborto, ellas nacían en mi, como esos días de luces y arco iris, en que la llama del quizás, o del tal vez, lograban encender la lámpara de mi cuenca vacía…pero ya no. Libérame o no digas nada

Mi abatimiento logra tener ritmo y sombra de gigantes, marcha al unísono del adiós. Le temo cuando me convierte en un ser de lástimas, publíca que soy apenas un alma. Y sobre esteros de caricias vagas, deja sin boca la desgracia

Le he dado tantos nombres a este néctar de amor y amarguras que las estrofas celosas claman por otras voces. Se burlan de mi diciendo, ¡allí va la olvidada! ¡la que aún sueña con palabras!

Intento disfrazar de locura la realidad descalza por calles de cordura y si alguien me pregunta por la mesura, les digo que olvidé ser quien era, que pueden ser el aplauso, que intenta ensordecer mi escena.

Estoy aquí, sin palabras, sólo las que dije tantas veces, se deshace este corazón acostumbrado a tu ternura, y no puedo olvidarte y no logro enmudecer tu lira.

Silba el viento entre mis celosías, una voz lejana y muda intenta descifrar todas las respuestas, cabalgan sobre mi mente certezas, entonces acribillo oídos, desgarro ojos, unto con veneno esta boca y voy cantando con voces hipócritas que ya no te quiero y que ya nada me duele.

Toda vida parece maliciosa, se propone burlarme, la de tez amarilla que asoma por las tardes, arroja luz sobre esta dolida faz y el que de día quema, descubre que algunos arrastran mentiras cobardes.

Convergen sonidos, se aproximan imágenes y por la mañana sobre un fresco prado diviso margaritas que tantas veces cortamos. Muerde tu olvido, asesina tu ausencia.

¿Cómo morir sin que acabe la vida?, sin que el tenebroso final me asegure que tras el paso afortunado de la hoz, este corazón logre tener agonía de recuerdos.

¡Ay de mí! ¡Cuán dulcemente invito a la muerte!...y en tanto es de día, le susurro tentaciones y ella pasa deshojando fiel, los últimos latidos del amor de ayer

El cadáver de una muerta, está repartiendo flores, hay un olor nauseabundo sobre suaves pétalos de amor.

Sobre el pecho le han colgado dagas, para que intente ir dando golpes a ese corazón que vio el amor, antes de ver sus ojos y el sol.

Retengo la última lágrima, pero ella empuja, brota se desborda y cae.

He resuelto comprar mi esperanza de ilusiones muertas, con un hilo carmesí de gran precio.

6 de enero de 2008

Intentos









Intentos

Con manos imaginarias empuja, araña, rasguña. Cruelmente amortajadas, las otras no tienen espacio para elevarse.

Las piernas imitan pasos veloces, apresurados, pero la punta de un zapato permanece atrapada al clavo del primer martillazo y el otro, el otro no lo siente.

Usa su boca dura de hierro, articula aguijoneadas palabras para gritar. Un largo y pesado mutismo le ha condenado. Su lengua yace desmayada, amordazada, sin verbo para la huida.

Aprieta los párpados buscando algo en su retina, y en la mirada interna imagina una cubierta de caoba fina.

Sylvia Rojas Pastene.

3 de enero de 2008

Bacán








Bacán

Se tragaba los cereales, los empujaba con sus dedos. Una pesada mano sobre el hombro la hizo girar. El envase rodó lejos. Sentía que mil ojos la atrapaban. Retrocedió haciendo reverencias, hasta que estimó que ya podía correr.

Desenfrenada fue a dar a la escalera mecánica. Gritó unos cuantos mierda empujando, y brincando de peldaño en peldaño hasta caer a los pies del guardia del primer nivel.

Algo le molestaba más que el hambre inconclusa, la filuda uña de la promotora de cereales, aún estaba clavada en su cuello. Un hilillo de sangre corría hasta el borde de sus nacientes pechos.

No había sido tan bacán, como le dijo Miguel.



Sylvia Rojas Pastene.

1 de enero de 2008

Calendario









Le costó despegar su frente adosada al vidrio, el calor la humedecía como medusa.
Ya la habían sacado dos veces del restaurante. La primera le pareció raro, que todos estuvieran resfriados.
La segunda pensó, tanta gente asustada, debe ser caro comer aquí... pero no hay una sola mesa libre y se dejó llevar fuera.
Lo intentaría de nuevo, quería dejarles un calendario.
Estaba a punto de poner un pie en la puerta, cuando una sirena la ensordeció. Debe ser la ambulancia se dijo, a buscar a tanto ser enfermo y asustado.



Sylvia Rojas Pastene

30 de diciembre de 2007

Carta a Napoleón

http://www.latercera.cl/vgn/images/portal/FOTO042005/184877343napoleon-g.jpg

Napoleón:

Lo he pensado largamente, antes de enviar esta carta. Pero al fin tomé fuerzas. Estuve semanas buscando un buen diccionario en las tiendas y he pasado estos últimos días con él en mis manos, te preguntarás para qué. Para buscar las mejores palabras y rociártelas con estilo: estúpido, deshonesto, cruel, Otelo, canalla, mentecato, inútil, simple, bastardo, care palo, todas las que te mereces y todas las que te peguen en las que te dije.

Pensaste que me quedaría callada y que dejaría que te rieras de mí. Ya ves que estabas equivocado
De paciente no tengo nada. Asumo que me asombró tu linda cara y me dejé arrollar de tus adornadas palabras fatuas, es verdad.

¡Ay! Napoleón, ¿cómo has podido ser tan falso? no era yo la única, había tres doncellas más esperando tus llamadas. Ya me lo decía mi amiga Josefina y nunca le creí. Ahora creo con toda seguridad, que también a ella le deslizabas las manos por entre el corsé, que la peinabas recostada en la banqueta, esa repleta de madreselvas del palacio real. ¡Debí fijarme! después de todo lo hacías con tu peine de oropel, habría encontrado restos de otros cabellos ¿ves lo confiada que fui?


Cuántas veces me fijé que en tu elegante chaqueta, más de algún botón solía estar sin abrochar y lo justificaba, por tu apremio para venir a mi encuentro. Yo, no sólo estaba ciega, ¡ay! estaba tonta, sorda y muda...cómo se suele estar algunas veces, cuando se cree amar

Ahora entiendo tu cansancio, pensé que eran tus batallas, tu arduo trabajo imperial ¡pamplinas! te gustaba beber de la fuente del vecino y refrescarte en abrevaderos ajenos. Por eso muchas veces mmmh por eso te falló el intento y me dormía en tus brazos lacios, de tanto esfuerzo.

¡Ay! me está subiendo el diccionario de nuevo: ¡ descarado, sinvergüenza, cínico, desfachatado, impúdico, fresco, despiadado, necio, oportunista, arrogante, malvado, ruin, sórdido! Pag. 69

Mira desquiciado de mierda, hoy quemaré cada una de tus cartas y esa flores que enviaste, la última noche que no llegaste, esas me las trago de pura rabia.

Intenta desaparecer de mi vida, y guárdate tus lindas frasecitas construidas para acallar mis dudas, “que la distancia nos hace bien, nadie me entiende, te llamo luego,
es todo lo que puedo darte, no puedo vivir sin ti, me muero de celos, no me seas infiel, cuídate
pórtate bien” ¡qué cantidad de mentiras huevón! yo era fiel y te amaba.Pensaba, el amor golpeó a mi puerta, las carambolas, la estupidez y la ceguera querré decir mejor, me golpearon no sólo la puerta, me abrieron todo el portón trasero. Me querías colonizar para que fuera, tu esclava, tu peón, tu sierva, tu cautiva, tu dominada.

Pero no me pidas que me conforme con poco, ¿sabes por qué? porque me merezco lo más grande, lo mejor, todo, nunca migajas, ¿ me oíste ¿ esa baladita te las vas a ir a cantar a otras colonias. Mientas tanto yo te gritaré, gracias a mi diccionario: ¡hijo de puta, mentiroso, falso, inicuo, desleal, infiel, troglodita, simulador, embustero, atroz, atroz! (Fe de erratas)


En fin, lo que único que he logrado de esta linda farsa y comedia, es este buen Diccionario de Sinónimos y Antónimos y ya no me digo más ¡qué atrevida soy! me digo:valerosa, brava, osada,
resuelta, emprendedora, capaz ¡Valiente! Pag. final

Napo te tapo para siempre.

Adios, chao, hasta nunca jamás

29 de diciembre de 2007

Mi orquídea

Mi orquídea

¿Qué sombra es aquella que mata las orquídeas antes que abran y emanen aromas?

¿Qué mano invisible corta sus tallos antes que madure el estambre y derrame su néctar?

Pimpollo maduro ¿dónde te has cegado de luz y de polen?

¿Qué jardinero ha esparcido en otro cáliz las gotas temblando de miel?

¿Dónde puedo esconder la fragancia para que las tardes moribundas y perfumadas de otras flores no confundan el aroma de mi pequeña orquídea?

Mi delicada flor única, cubierta de velo arcoiris, se extingue sin florecer.

¿Que dolor ronda y detiene el ejercicio que perfuma los rincones inaccesibles que te han negado?

Puedo crear cristales y proteger tus pétalos de otros aromas que perfuman, pero no exhalan…exhalar es inundar no enclaustrar

Quizás tejer cortinas para asilar tu matriz y dejar que florezcas dormida bajo el silencio del olvido.

25 de diciembre de 2007

Mujer buena











Yo soy buena

juro que soy buena

te digo mansamente al oído

que buena soy

que no pienso lo que piensan

todas las fatuas mujeres que has conocido

pienso en duplicado,

una palabra buena y una palabra cruel

acaricio con la buena

y atravieso con la cruel

¿Ves que soy buena?

te advierto

te señalo

te aviso

te prevengo

buena soy


¡Antes de embestir!



Sylvia Rojas P.

24 de diciembre de 2007

22 de diciembre de 2007

Amor numérico

el matematico.jpg

Mi matemático es tan lógico, tan racional, metódico y sistemático.

Pero no entiendo, que insista en tener una foto mía y desnuda además.

Si puede abstraerse y percibir como desee.

Puede calcular el ancho de mis caderas con sólo recordar mis oscilaciones dibujando ángulos perfectos de noventa grados.

Mi geómetra, para qué quiere ver una foto con ángulo de 45º y un diámetro tan grande de abertura, si puede recordar todas mis aristas congruentes con el vértice de mi grado cero.

Tantas veces ha comprobado que cabe tan precisa su altura en mi hipotenusa

Que podemos subsistir opuestos por el vértice y trazar una diagonal con la mano que queda libre para comprobar que somos tan semejantes.

Mi amado aritmético

No entiendo que insista en una foto mía de cuerpo entero si ud ha captado toda la luminosidad de mi enfoque. Conoce mi peso específico Según ud todo en mi es contable y medible amado genio.

Pero jamás le he asegurado que sea congruente con todo lo que calculo. No comprendo mucho de números, en lo habitual me gustan los más, más que los menos.

Entiendo que desde su mirada concreta quiera “ver para creer” pero sea una vez ciego a grado infinito y confié en su fiable abstracción.


Entonces mi amado cuántico, no pierda de vista la percepción que ha desarrollado en su calculada vida, analice los números reales y coja la cuantificación del amor, déle el valor posicional que merece tan humana relación incalculable que es la raíz infinita de nuestro amor.

Carencia poética

Me hace falta una gran biblioteca

Unos cuantos mascarones de proa

Una que otra falda larga mata pasión

Una boina desgastada

Colecciones de cuánta cosa extraña exista

Una pose de poeta seria e intelectual

Me apremia un cargo de cónsul en el Oriente

Un amante, poeta y famoso

Una volada en planeador

oler a mosto las noches gastadas

Cartas, miles de cartas poéticas y sangrantes.

Un destierro total y mudo.

Me hace falta un libro parido a dolor en verso y metáfora

Deslizarme en el mar hasta cubrir de espuma la vida

Me hace falta la envidia descarnada de mis pares

Una critica mordaz en el diario de mayor tiraje nacional

Me hacen falta tantas personificaciones poetizadas, marcas externas.

Pero por sobre todo me hace falta, inscribirme en la sociedad de los poetas muertos.

19 de diciembre de 2007

Esquinas

esquina.jpg


Esquinas, cualquier esquina.

Todas ellas invitan a curvar la vida

el problema es que…

antes de cada esquina

hay media cuadra muerta

de antiguas y entrampadas esquinas

que ladran por avanzar.



Aún así… hay que doblar

para sonreír,

para llorar

para intentar

para conocer

y probar otras veredas.

16 de diciembre de 2007

Hay un cielo trizado de hambre

















sobre mis ruegos

y bajo mis súplicas

una enorme piedad azul de pan.


La justicia que debía llegar hoy

se enredó en telarañas de oficio.

El hambre tomó feriado

para no sobregirarse en lamentos.


Todo lo que podía comer

fue pisoteado por moscas

y ante la mesa adeudada

me he servido tus sobras.


Anaranjada noche

desafiando mi sueño

sé que el vacío se llena de nada

y que gritar dos veces por pan

es recibir promesas falsas.


Me iré a las sábanas

con un hierro cruzado en la boca

y la rueda profunda de rojo vivo

arrastrará miserias por mis venas.


Toca el borde de mi techo

una espalda agigantada

explota la miseria y desmaya

roba el bocado en vitrina

pero no tendras mi clamor.


Por un plato de legumbres

o vuelto de monedas

no venderé mi razón.


Diré hambrienta

hambre inhumana

hambre de mierda

hambre muerta de trigo

hambre injusta

hambre de hombre con hambre

no de pan

no de harina

hambre libre

de impuestos de usura

plagas, olvidos, punto final

hambruna de corazón

hambre eterna y vergonzosa

hambre de mi hambre

hambruna de pobreza

de esa pobreza salobre

que no gritaré

por faltarme los dientes

para morderla y matarla.

14 de diciembre de 2007

La cantoras
















Vuelve bordeando el mar

regresa esquivando el bosque
que nadie te debe hallar
merodeando por el monte

Hay voces que gritarán
los dos se han ido al pajar
ella sus pechos derrama
cuando él se abre el ojal...

Saldrá el escándalo a volar
igual que en las noches frías
como humo de chimeneas
serpenteando por arriba.

Escóndeme en tu regazo
que nadie ha de saber
que soy quien te perturba
incitándote a pecar…

Mejor vete bordeando el bosque
y regresa esquivando el mar...
merodeando por el monte

nadie te debe hallar.





9 de diciembre de 2007

El mar



El mar es tu cómplice
mañana sabré navegar
hacía mareas valientes...

Fantasma


Daría mil suspiros

el último suspiro por saber de ti

para tener la certeza de que existes

que estás bajo o sobre

un átomo de existencia

que aún traza latidos.


Quiero descubrir

si bajo la noche de mudas palabras

se esconde el real que amé.

o existe bajo el ruido parlanchín

el imaginario fantasma que inventé.


Tengo vergüenza de buscar imágenes

vergüenza de seguir atada al amor

como cadenas que el musgo ha unido

a la pared de tiempo

bañada de herrumbre


Esta, mi larga mano de esperanza

sigue adosada fuertemente

tabla invisible

que flota como bandera de salvación

¡pobre mano de ruegos!

nunca sabe cuando soltar el ayer.


Asoma tu vida por las ventanas

y despliega un suave guiño de cerrojo

crispa la melodía que conocemos

dos espías del amor sin beso

muéstrate altivo ante la presencia huidiza

o humilde ante la búsqueda

de esta mísera mujer

que no termina nunca

de cerrar ventanas

para el amor con rostro de fantasma

Tormento

Temblé largo rato en su espada contraída. Le amé en esas lágrimas contenidas

Miraba la esquina del horizonte vacío de esperanzas, temblando de tormento Algo había esa noche, en todo el aire. Algo que delataba su sino,y no quise leerlo. Sus manos se soltaron de las mías. Ahogó un suspiro ronco y temblando se alejó… pude palpar el peso de su tristeza y desesperanza

Nunca pensé que en el frío de la loza inerte de su cuerpo, dejaría de latir mi vida.

Debiste saber que te amé a pesar de todo. Porque no hubo ecos ni sembradíos de dudas. Ese fue el motivo, saber que te amaba y no poder cosechar a manos generosas, mi cuenca de besos.

Entendí, comprendí, sin la doblez de la cursilería, que algunos seres, retroceden en el punto mismo del la luz. Para comenzar a vagar entre tormento y muerte.

1 de diciembre de 2007

Calabozos y dragones


Detrás de la luz
hay un haz de sombra,
tiene boca de dragón
y profundos ojos de fuego.


Una cortina de voces
de hipócritas palabras
me dicen
¡él es el cobarde!
pero me iluminó

y fue clemente…
cuando tú tenías
la voz empeñada
en calabozos
al norte del continente.

Los malditos ya se fueron




y me han dejado sola…
con el vuelto de la vida en una mano
y la rabia colgando de la otra.
Mis ojos buscan negros cuervos azulados
bebiendo el miedo de las noches aceradas.
El frío que cabalga en la epidermis
destila escalofríos de agonía
¿escuchan las voces de la historia
una vida colmada de perdones?

Esa voz de lenta impunidad nunca acabada
sigue dando ecos de verdugo,
aquellos que pudieron contenerla
han dejado parir largos olvidos.


La tierra ya no canta extremaunciones
no veo desfilar excomulgados
ni al tronco del castigo van ateos.
Nos dejan convivir con injusticias
y ser parientes de mil excavaciones.

No pidan una hoguera para el alma.
El mundo es lucero que no brilla.
Debemos encender nuestras candelas,
gritar por la mañana valentías...
¡devuelvan la senda primeriza!
aquella que decía sabiamente:
el hambre de los otros es la mía y mi costado,

desplegado sin heridas,
justo y tibio abrigo al perseguido.


¿Hasta cuándo cargar olvidos e injusticias?
¿hasta cuándo nublar sueños y utopías?
es hora que aparezca el samaritano
quedémonos atrás en el camino,
sumando uno a uno cada día,
cuidando nosotros los heridos,
lavando las ofensas a esta tierra,
dejando una moneda al posadero
y la promesa de volver a ser
hermanos sin silencios.

Atea

Antes no creía en el viejito pascuero... hasta que me encontré envolviendo regalos para mi hija, me di cuenta. Y nunca más volví a dudar de su existencia.

24 de noviembre de 2007

Luna mensajera













Bebo y ahogo la mesa con cigarros. Regreso de un café cortado, sola.Me cega un enorme luna dorada. ¡Ay! ¿cómo puede ser tan hermosa? Mataría esta luna que asoma valiente. Me sigue por el espejo retrovisor. Acelero para ver si la pierdo y nada, se cuela por el freno trasero.

Me entristece la maldita. Pienso un instante (como niña) y me digo para acallar la pena regalada: ¡es un gran queso!

Pero mi pena está hincada. Esta pena infinita que escondo cuando no hay luna.

Llego a casa y está sobre mí. Alumbra como nunca, clarea mis pasos

Ahora entiendo a los lobos, le aúllan porque desnuda sus penas de noches en celo, pero sin lobas.

Entro junto con un mensaje… quieren verme. Yo también quiero, devuelvo el mensaje y la luna en mi ventana se sonríe… ¿Ves que te alumbraba a ti, idiota?

Bebo vino, y me ahogo en besos.

Espera

Está siempre allí...me espera

¡Qué se quede para siempre esperando!

Le hará bien descansar …mientras no llego

Coronas



















A veces caen coronas sobre nosotros

otras veces ponemos coronas en otros

algunas veces no calza la corona que quiero para mi

a veces envidio coronas ajenas

muchas veces compro coronas

en general no me vienen las coronas

pero me exigen que lleve una

para descoronarme apenas me descuide.


Suelen caer coronas a los pies de cobardes

que llevan coronas grandiosas

pobres coronas que deben sujetar cabezas de asesinos

coronas de imperios

coronas de hambres

coronas de miedo

coronas gastadas

todas caen

todas ruedan

todas pierden su brillo

todas se venden

todas se pagan

que mierda tan falsa

¡me tienen hasta la corona con sus coronas!


Sólo quiero la corona

que hice cuando niña.

Verde fiel,

mi esperanza,

fresco aroma del valle,

del ensueño inocente

para dormir en cualquier parte,

sin más que mi humilde corona de sauce.

Sylvia Rojas Pastene



17 de noviembre de 2007

Gusanos

http://mistresseuthanasia.files.wordpress.com/2006/11/muerte.jpg

Se asoma el gusano mucho antes del hedor

invita a la fiesta de arrastre

Gratuita mascarada de piel

parece alcanzar con la panza apegada

al manojito de flores caras

que trajeron los cachiporros

que se lucen en velorios.


Maricones esos gusanos ajenos

No trepan, siempre bajan

A la tierra que todo consume y olvida.



La muerte está siempre rondando

Llevamos en vida un gusano dentro

encargado de reírse por la boca

antes del llanto y del duelo

emisario para desaparecernos

después del humo, velas,vinos y deudos


Maricones esos gusanos ajenos

No trepan, siempre bajan

A la tierra que todo consume y olvida.



Sylvia Rojas Pastene



Náuseas



Seres alados revolotean con furia en el vientre

no logro descubrir cuando los anidé

ellos rozan cavidad y agrietan

los arroja fuera una pestilente náusea

su plumaje de hiel me dobla

sus garras me atragantan.

Descubrí que no volaban

sólo hacían nido de miedo y rabia

Regresarán siempre como el puta fénix

tendré listo el clorhídrico para joderlos.

1 de noviembre de 2007

Me voy

Me voy
cada día me voy
algo me espera.
Cuando me voy algo viene
y a veces sólo quiero quedarme.
Aquí podría haberte encontrado
pero me voy...
quizás vengas, cuando me vaya.

21 de octubre de 2007

Días felices

Queda establecido por bando número (el que querai)
el calendario oficial para ser feliz
Todos los días pintados de rojo
ya sea fiestas patrias
navidad y año nuevo son de felicidad pura
También se dictamina una semanita santurrona
para ser feliz en silencio.
Después viene el dia de su santo
y el mejor, el más regalado
el de su cumpleaños
ahí ud. debe ser más feliz que de costumbre
y si no lo es, entonces cagó.
Pero le aseguro
que queda San Valentín
marcado con corazones alegres en su agenda
y si a pesar de todo, ese día nadie felizmente le besa
entonces le aconsejo seriamente
cambiarse del gregoriano al chino.
porque ud. es un infeliz crónico de mierda.

Sylvia Rojas P.

Definición

Cuando no estoy presente
entonces todos me definen bien...

Cartel

"PROPIEDAD PRIVADA"

Es el único cartel
que nadie puede colgarme



Sylvia Rojas P.