23 de julio de 2009

Lluvia















En las tardes heladas hay enormes aves
aves de plumas negras sobre techos sonoros de lluvia
no hay mucho que ver después del nubarrón tardecino
por la mañana barro rojizo maleable
y en el camino húmedo y resbaloso angostas señales
para aquellos que se han perdido
revistas mojadas, ventanas de naylon
hedor a hongo verde
largas tardes de lluvia hacen brotar harina
panes calientes chorreados de mantequilla
especie de galardón por aguantar truenos y relámpagos
los viejos llegan ebrios y mojados
pateando lo que pillan por delante
y después roncan largas horas fétidos de vino
se levantan con el látigo en la mano
a vomitar la vida completa.

20 de julio de 2009

Mis cuentos









Si tuviera que decir como he lavado las babas de pánico, creerían que estoy alardeando. Pero no importa. Hace poco he descubierto que tengo una fachada inmensa llena de palafitos flotando sobre miedo. Paso tiempo a solas porque las compañías dan arcadas. Las buenas en todo caso, las que pasan espejos frente a narices y me voy siempre cabizbaja detenida por un tiempo.
Si bebiera al menos podría quizás tener alguna razón para fantasmas ocasionales.
Cuando se cree estar loco una piensa que es algún don para tener excusas de las tonteras que uno hace. Pero la verdad es que estar loco, en parte, es reconocer que algunas cosas son para otros y no necesariamente para uno. Que uno es más inteligente, que tiene el control de todo, pero la verdad es que el control de uno está en no saber muchas cosas y alardear de ello. En esto consiste la loquera, en contarse un cuento y creérselo. Entonces cuando estoy lista para reescribir el cuento asoma el miedo, porque ya sé que debo encontrar un final, no para los otros, ellos buscarán su propio final, uno tiene que reescribirlo, acortarlo o destruirlo.
Cuando más miedo tengo, la cabeza hace tanto ruido que ni siquiera los silencios falsos pueden acallar. Porque abundamos en silencios falsos o misticos, esos en que aparentamos filosofar. Es inevitable entonces mirar en cualquier fuente. Y abundan las fuentes, como abundan las voces y no hay nadie capaz de silenciarlas, porque tienen esa misión, ser escuchadas. Es por eso que no quiero tener más fachada de poeta. Escribo, si escribo, seguramente para mi misma. No es difícil reconocerlo, ya está bueno de negar tantas cosas, si además otros ya lo saben desde hace tiempo. Pero en vista que no saben el final, buscan alguno sugerido, porque tememos en varios planos como dice Benedetti, tememos a nuestros miedos y lo peor frente a aquellos que creemos habérselos contado bien. Pero no contábamos con que a veces el cuento es conocido y leído por verdaderos cuenteros o cuentistas del miedo.

17 de julio de 2009