1 de marzo de 2008

Cortados por café

Se sentaron a conversar. Ella estaba igual, quizás más interesante. El había cambiado, usaba barba, había subido de peso, lucía muy bien. Se vestía distinto, se movía distinto. Ella lo miraba complacida. Hablaba con entusiasmo y seguro. Era otra persona, el macho anterior era tímido, le costaba hablar. Ahora la interrogaba, cambiaba de tema y se reía con facilidad.

La había interceptado en el supermercado, colisionando intencionalmente el carro con el suyo. Pensó, este imbécil no se fija por donde va, y murmuró, huevón tarado. Al mirarlo, él se reía a carcajadas. La invitó de inmediato a un café. Se atropellaban en palabras y en sucesos vivenciados en esos tres años, se miraban cómplices, se buscaban con las manos, todo era un lenguaje sensual entre ellos. Ella pensaba ¿yo dejé ir a este macho?

En lo más animado de la conversación, una mano en su hombro, la hizo girar ¡ah no! era su amigo transversal, como solía llamarle ella, quien siempre estaba allí, para sus penas y alegrías, el que le llenaba el celular de mensajitos en las noches más oscuras. No dejó de sentirse turbada, pero después de presentarle, él sin esperar invitación, se sentó, subió una pierna y levantó la mano al garzón, un capuchino por favor- sin retirar los ojos de su amigo perdido, desafiante y con una sonrisa llena de ironía, tu debes ser, espera, Eduardo, no, debes ser Maximiliano. Después de esa frase, dejó que cinco centímetros de taco se alojaran en sus canillas, sin un ademán de dolor.

Una cortina de rojo, comenzó a pasearse entre cafés humeantes ¿qué haces? ¿Epica, Pink Floid? Serrat, Silvio? La inflación, Cortázar, Huídobro, Nietzsche, era un round. Y siguieron entre cortados, express y capuchinos, compitiendo solapadamente, sobre quien sabía más sobre ella.

Interrumpió un segundo para avisar la visita al toilete, y dejarlos discutiendo sobre el amor, poesía y las mujeres, hasta que los echaron del café.

Ella los cortó escapando, el desaparecido se fue expres y el transversal, rojo de celos, casi termina en capuchinos.

9 comentarios:

Beatriz Lehmann dijo...

Amiga:
Me sorprende cada vez más con sus cuentos.

Cafés que cortan, el mejor filo.

Abrazos

Sylvia Rojas Pastene dijo...

Amiga:
Gracias ¿un cafecito? piense antes de pedir, que algunos cortan definitivamente los coloquiso amorosos.

Saludos

Catalina dijo...

Cafés!

Cortando palabras entre un café y un café hay que tomar cuidado para no quedar corto o salir cortada, sin leche o azucar!

Sylvia Rojas Pastene dijo...

Así no más es pues Catiuska, es como ir por lana y salir trasquilada. Hay que tener cuidado de los posibles cortes de nata, o usar de rápidez para huir antes que se suba la leche.
Un abrazo amiga

Anónimo dijo...

Ja ja ja, muy divertido el relato,el juego de palabras, todo... Dime querida, ¿de verdad ella huyò o logrò consensuar para formar un trìo?

Anònima ancianita al ataque de nuevo ji ji ji

MI CORAZÓN AL DESNUDO Y CON FRÍO dijo...

Saludos estimada poeta...
los cafés son punto de encuentro y desencuentro por lo que veo...
abrazos dulzones y congratulations
tk

Anónimo dijo...

Barba Azul

Poeta ¿usted no ha pensado que los cuentos son su fuerte? sin desmerecer claro su poesía.

Le enviaré por correo,listado de concursos.

Cuénteme un cuento sobre, los cuentos incontables.

Sylvia Rojas Pastene dijo...

Así es amigo Trapelakucha. Tantos cafés, tantas historias. Siempre llevo mi agenda y un lapiz, para observar las cafeínohistorias que se tejen en los distintos cafés de mi ciudad( soy una sapita irremediable)

¿Gusta un café? pase adelante,
con Kanapés obviamente

Sylvia Rojas Pastene dijo...

Barba Azul, no sé si decirle Señor, puesto que no me ha mostrado su señoría, ni se ha enseñorado de esta señora.

Le agradezco el ánimo, hace falta que nos digan, vas bien muchacha vas bien o vete al diablo con tus cuentos. Lo cual no es malo del todo, si perdidos vamos de laberito en laberinto, hasta caer al precipicio.

Mis abrazos, me encanta la barba, pero me hace estornudar ¡atchis!