Sobre este duro nido
de mi pecho tan gélido
alguien fue sembrando dulzuras
brasas, consuelo.
Así, tras la tibieza del ruego
se fue despertando lento
como naciendo a la vida
fue creyendo de nuevo...
Mas un disparo de hielo
cobarde de sangre y verso
abrió en lo profundo la herida,
que una vez fue cuajo, hiel, duelo.
Tengo el dolor detenido
a ratos suspiro lento
siento el pulso de la vida gravitar lejos
y al dulce llamado eterno
me dejo llevar resignada, temo.
En vano sujeto la vida
ella se va sin esfuerzo
yo la dejo salir...
débil
triste
desconsolada
muero.