
Aquí estoy frente a esta hoja blanca en blanco
blanca de arriba abajo
blanca, blanca, blanca de costado a costado
no quería mancharla con palabrerías
esperando que la noche de alguna manera me dejara pensar en algo
y nada, lleva cuatro horas en blanco inmaculado
y la miro, la miro, la miro
y ese algo, algo, algo, no asoma
pero no me apuro, no me acelero
algo, algo, algo vendrá
no es cotidiano que nada venga
pero me he dedicado a observar mi hoja
que de seguro es más mía cuando está en blanco, blanco, blanco
a la espera de algo, algo, algo
como el paciente pescador esperando que algo pique, pique, pique
es tarde, tarde, tarde y nada, nada, nada aparece
quizás las palabras me huyen como manadas de la lluvia
porque ha llovido incesantemente todo el día
y el viento no se ha quedado atrás de tanto invierno sostenido
estas últimas lluvias de agosto me han dejado atrapada con mi hoja blanca
desierta de voces y palabras
y no puedo irme esta noche abandonando el cuerpo sobre mi cama
sin antes haber depositado alguna palabra en mi extraña hoja blanca
tan blanca, superlativamente blanca
blanca y vacía como el corazón de la noche
sin luz, sin creación, sin prisma, sin palabras.
Quizás no tengo blanco que apuntar en mi hoja blanca
o quizás yo sea el blanco de mi blanca hoja en blanco.














































